APERTURA

La pregunta tiene mala leche porque parece sencilla y no lo es. Decir «el mejor 9 de la historia Abarca» suena a juego de verano, a barra de bar con una etapa vieja de la Vuelta de fondo y un café que se enfría mientras uno señala la tele con el dedo. Pero en cuanto rascas un poco aparece el problema serio: ¿de qué hablamos exactamente cuando hablamos de un 9 en ciclismo? Si el lenguaje es futbolero, la tentación es imaginar un esprinter puro, un hombre de últimas rectas, un cazador de metros finales. El problema es que la historia de Abarca Sports no está escrita así. Esta estructura, la misma que hoy compite como Movistar Team, no construyó su leyenda a base de trenes de lanzamiento y llegadas de catálogo. La levantó con otra gramática: control, jerarquía, paciencia, generales, vueltas de tres semanas, supervivencia empresarial y una fe casi religiosa en la continuidad.

Por eso la discusión solo se aclara cuando uno aparta la caricatura y define el puesto en clave Abarca. El mejor 9 de esta casa no puede ser simplemente el más rápido del llano, porque esa nunca fue la naturaleza del proyecto. Tiene que ser el corredor que mejor convirtió la cultura del equipo en victorias visibles, el que remató mejor en más terrenos, el que apareció donde la carrera pedía instinto antes que laboratorio. Y cuando se plantea así, el nombre de Alejandro Valverde deja de ser una intuición simpática y se vuelve casi una conclusión judicial.

LA CASA QUE SOBREVIVIÓ A CASI TODO

La biografía de Movistar Team ayuda a poner la discusión en su sitio. La página oficial del equipo recuerda que la estructura masculina alcanzó en 2026 su 47ª temporada ininterrumpida en la élite, con más de 1.150 victorias acumuladas, ocho Tours, cinco Vueltas, seis Giros y once campeonatos del mundo. Añade algo todavía más significativo para entender el fondo del asunto: la sociedad Abarca Sports ha pasado por solo cinco patrocinadores principales en casi medio siglo, Reynolds, Banesto, Illes Balears, Caisse d’Épargne y Telefónica, y sostiene una organización de más de cien empleados. En un deporte donde los equipos desaparecen con la facilidad con que se rompe una promesa de patrocinio, eso no es una anécdota; es una rareza biológica. Fuente: https://movistarteam.com/sobre-nosotros

La pieza del 40 aniversario publicada por el propio equipo cuenta mejor que nadie la materia prima de esa continuidad. Todo arranca entre Irurzun, la vieja industria del aluminio y un ciclismo español que en los setenta y primeros ochenta todavía parecía funcionar a pedaladas desiguales. Allí se cruzan José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué, dos figuras que van a levantar una casa moderna donde antes había improvisación, intuición y romanticismo. El artículo oficial insiste en detalles que parecen menores y no lo son: el autobús de equipo, las concentraciones invernales, la profesionalización del entorno, la presencia de mujeres en el staff, la ambición técnica. Abarca fue ganando carreras, sí, pero antes ganó una forma de estar en el ciclismo. Fuente: https://movistarteam.com/2019-11-02/40-anos-recopilatorio-i

Cyclingnews añadió en 2016 un retrato precioso de esa larga estabilidad. Ahí aparece Unzué como superviviente mayor del pelotón, un director que había pasado más de cuarenta años en el oficio y que, junto a Echávarri, formó una pareja que el propio equipo describía como «the accelerator and the brake pedals in the same team car». La frase sirve para casi todo lo que vino después: Abarca fue siempre mezcla de impulso y prudencia, de riesgo y cálculo, de aventura y método. David García, citado por Cyclingnews, añadía la otra clave, la estabilidad, casi al nivel de los resultados. Fuente: https://www.cyclingnews.com/features/eusebio-unzu-in-it-for-the-long-haul/

Ese contexto es vital porque explica el gran sesgo del equipo. Abarca no fue, por historia profunda, una escuadra diseñada para fabricar nueves de manual. Fue una fábrica de estructuras fuertes y líderes capaces de convertir orden en dominio.

CÓMO SE FABRICA UN 9 EN UNA ESCUADRA ASÍ

En un club de fútbol, el mejor 9 suele parecer obvio: el que más goles mete. En ciclismo hay que hilar más fino. No basta con contar victorias, porque no todas las victorias responden al mismo oficio. Un contrarrelojista gigantesco puede ganar grandes vueltas sin parecerse en nada a un rematador. Un escalador épico puede incendiar montañas y seguir sin ser ese delantero centro que vive de materializar el momento exacto. Un 9 ciclista es el corredor que convierte las carreras en llegadas. El que remata. El que sabe cuándo esperar y cuándo saltar. El que, sin necesidad de ser el más dominante de la generación, tiene esa combinación de olfato, ubicación, sangre fría y versatilidad que vuelve reconocible la palabra gol cuando en ciclismo se llama victoria.

La historia Banesto ayuda a entenderlo por contraste. ProCyclingUK describe la era Indurain como la perfección española del control en grandes vueltas. La contrarreloj era el fundamento, la protección del líder el mandamiento, el ritmo del equipo la ley. Los gregarios estabilizaban la carrera, reducían riesgos y dejaban a Indurain donde había que dejarlo. El modelo fue «brutally effective», aunque para algunos resultase frío. Eso creó una dinastía y consolidó un ADN: Abarca era el equipo que convertía el ciclismo en gestión del desgaste ajeno. Fuente: https://procyclinguk.com/team-banesto-history-indurain-control-behind-tour-wins/

Ahí está el detalle. En una casa de ese tipo, el mejor 9 no sale de un ecosistema pensado para el sprint puro, sino del corredor que sea capaz de usar esa cultura de orden para matar carreras cuando se desordenan. El 9 de Abarca no es el producto natural de la línea recta. Es el gran finalizador de escenarios múltiples.

LOS CANDIDATOS INTERNOS Y SUS LÍMITES

Miguel Indurain domina la sala apenas se pronuncia el apellido. Es lógico. La pieza histórica del equipo lo presenta como el hombre que llevó a Navarra a los altares y resume sus cinco Tours seguidos y sus dos Giros como el corazón de la edad de oro. Su grandeza es tan vasta que cuesta no meterlo en cualquier conversación. Pero justamente por eso no es un 9. Indurain es el sistema. Es el partido jugado con otras reglas. Es un dominador total que no necesitaba vivir de los últimos metros porque su autoridad empezaba mucho antes, en la crono, en el control emocional, en la capacidad de volver inofensivos a sus rivales. El mejor corredor total puede ser Indurain; el mejor 9 no.

Perico Delgado tiene una relación más íntima con la idea del rematador porque en su ciclismo había emoción, accidente, fogonazo, desorden hermoso. Fue el hombre del Tour de 1988, la gran conquista sentimental del Reynolds tardío, y una figura que aun hoy sigue oliendo a carretera vieja. Pero Perico nunca fue un rematador seriado. Ganaba de otra forma, con una épica más ancha, menos quirúrgica.

Julián Gorospe merece respeto en esta charla. La tabla histórica de victorias del equipo que difundió Movistar en 2018 le dejaba con 31 triunfos, por detrás de Valverde, Indurain y Nairo Quintana. Fue una máquina notable para su tiempo, un corredor con muchísimo gol interno, por decirlo así. José Luis Laguía, con 26, y Chava Jiménez, con 25, también aparecen en ese salón. Rojas, con diez por entonces, y Carlos Barbero, con ocho, representaban mejor la idea del velocista o del hombre de finales concretos, pero ninguno alcanzó la condición de vértice simbólico de la estructura. Fuente: https://movistarteam.com/2018-11-15/lista-victorias-historicas-final-2018

Nairo Quintana podría asomarse como candidato si uno confunde el 9 con el goleador ocasional de grandes tardes. Fue tercer hombre en la tabla histórica de la casa con 36 victorias cuando el equipo actualizó ese registro en 2018. Pero Nairo, como Indurain en otra escala y con otra música, pertenece más al territorio del jefe de filas que al del rematador total. Sus victorias definen campañas; las de Valverde definen casi cualquier terreno.

POR QUÉ EL DORSAL ES DE VALVERDE

La prueba más fácil es la estadística, pero no la única. En noviembre de 2018, Movistar Team publicó que Alejandro Valverde ya era el líder histórico de victorias de la estructura masculina profesional de Abarca Sports, con 99 triunfos, por delante de las 97 de Indurain. El artículo subrayaba que había pasado a ser el máximo artillero desde su victoria en la octava etapa de la Vuelta y que, además, estaba a una sola de alcanzar el centenar dentro de la casa. Esa información tiene un peso específico enorme porque desplaza la discusión del mito al dato. Valverde no solo parecía el gran rematador; ya era el mayor productor de victorias de la historia interna. Fuente: https://movistarteam.com/2018-11-15/lista-victorias-historicas-final-2018

Luego llega el perfil oficial del corredor y termina de cerrar el círculo. Movistar le atribuye 133 triunfos en veinte temporadas como profesional, diecisiete años dentro del equipo, una Vuelta a España, un Campeonato del Mundo, cinco Flechas Valonas, cuatro Liejas, dos Clásicas de San Sebastián, varias Voltas a Catalunya, etapas en Tour y Vuelta y cuatro títulos UCI de mejor ciclista del año. Lo importante no es solo el volumen. Es la variedad. Valverde ganó en el repecho, en la clásica, en la general de una vuelta de una semana, en la gran ronda por etapas, en el sprint reducido, en la carrera rota y hasta en la larga poslesión. Fuente: https://movistarteam.com/equipo/integrante/alejandro-valverde

Eso es lo que le convierte en el mejor 9 de la historia Abarca. El puesto no se define aquí por una especialidad cerrada, sino por una capacidad constante de convertir oportunidades heterogéneas en victorias. Valverde podía resolver una llegada de muros cortos, una clásica de desgaste, una etapa de media montaña o una general de una semana. No era un velocista puro y precisamente por eso encajaba tan bien en una estructura que jamás vivió del sprint puro.

Hay un matiz sentimental todavía más fuerte. El artículo histórico del equipo dice que en 2005 «Alejandro Valverde se convierte en el ciclista infinito». La frase parece una hipérbole comercial, pero miras su carrera en Abarca y acaba sonando razonable. Llegó cuando la estructura aún estaba en su proceso de reinvención tras Banesto e Illes Balears, sostuvo el paso por Caisse d’Épargne, dio brillo al nacimiento de Movistar, sobrevivió a cambios generacionales, a crisis tácticas, a debates de liderazgo, a una caída terrible en 2017 y todavía regresó para ganar un Mundial en 2018. Hay delanteros que marcan un pico; Valverde marcó una época continua. Fuente: https://movistarteam.com/2019-11-02/40-anos-recopilatorio-i

EL MECANISMO: POR QUÉ VALVERDE ENCAJA MEJOR QUE NADIE EN ESTA CASA

El secreto no está solo en que ganara mucho, sino en cómo lo hacía y en lo bien que eso dialogaba con el ADN de Unzué. Abarca, desde Reynolds y Banesto, tendió a valorar la lectura táctica, el control emocional, la ubicación y la administración de fuerzas. Incluso cuando fue criticada por conservadora, su forma de correr respondía a una lógica muy clara. Valverde añadió a esa lógica un diente de cuchillo. Sabía esperar. Sabía detectar el momento. Sabía convertir una carrera de control en una carrera de ejecución.

Por eso su figura es más decisiva como 9 que la de cualquier velocista que haya pasado por la estructura. El 9 de Abarca no podía depender de un tren de seis hombres porque el equipo casi nunca se pensó así. Necesitaba autosuficiencia, capacidad para sobrevivir a trazados mixtos y una lectura finísima del último kilómetro útil, que a veces no estaba en el último kilómetro real sino a cinco de meta, en un corte, un repecho o una curva mal tomada por el rival.

Valverde era eso. Y además, al contrario que el sprinter puro, no quedaba inutilizado cuando la carrera se endurecía. Al revés: muchas veces mejoraba cuanto más fea se ponía la tarde. En una estructura con alma de grandes vueltas y de clásicas montañosas, esa elasticidad era oro.

VALVERDE FRENTE AL RESTO DEL PELOTÓN

Aquí conviene no hacer trampa. Si el «resto del pelotón» significa el museo universal del sprint puro, Valverde no es el mejor 9 del ciclismo. No lo será nunca por mucho cariño que uno le tenga. El ciclismo tuvo rematadores terminales con más velocidad bruta, más capacidad de arrasar en llegadas planas, más números en embalajes masivos y más biografía de velocista ortodoxo.

Pero la comparación cambia en cuanto el 9 se entiende de forma más compleja, menos escolar y más real. En el fútbol moderno hay delanteros centros que no viven solo del área pequeña, sino también de caer a banda, fijar centrales, jugar de espaldas y aparecer en el momento exacto. Valverde pertenece a esa familia. Si el baremo es quién pudo ganar más veces en más contextos sin dejar de ser reconocible como rematador, entonces su nombre entra muy arriba en la conversación del pelotón contemporáneo.

No tuvo la voracidad total de un caníbal histórico ni la especialización radical del gran velocista, pero ofreció algo dificilísimo: continuidad de élite, diversidad de victorias y una capacidad casi insultante para llegar vivo al momento decisivo en terrenos donde otros ya iban desguazados. Su comparación natural no es solo con los sprinters, sino con los grandes finalizadores híbridos, los ciclistas capaces de hacer daño en clásicas, etapas y vueltas cortas sin pertenecer por entero a una sola tribu.

Ese matiz salva la tesis de la exageración. Decir que Valverde es el mejor 9 de Abarca no exige sostener que fue el mejor rematador absoluto de toda la historia del ciclismo. Exige defender algo más específico y probablemente más sólido: que ningún otro corredor de la estructura convirtió tantas ocasiones y en tantos contextos, y que pocos fuera de ella lo hicieron con una mezcla semejante de duración, versatilidad y jerarquía.

LAS OBJECIONES SERIAS

La objeción más fuerte es de diccionario. Un 9, dirá alguien, es un sprinter puro. Si aceptas esa definición cerrada, toda esta construcción se tambalea y Abarca se queda sin rey claro del puesto. La casa navarra nunca tuvo una figura equivalente a un gran emperador del sprint llano. Tuvo hombres rápidos, hombres útiles, hombres con colmillo, pero no un dominador total de esa especialidad. Bajo esa definición, habría que hablar quizá de un puesto vacante o de un 9 atípico.

La segunda objeción es que la memoria del equipo sigue teniendo a Indurain en una altura que ningún otro alcanzó. También es cierto. Indurain es el gran nombre, el campeón matriz, el hombre que puso a Banesto a gobernar el Tour como si administrara un banco central del sufrimiento. Pero de nuevo la pregunta importa. El mejor corredor de la historia Abarca y el mejor 9 de la historia Abarca no son necesariamente la misma persona.

La tercera objeción es metodológica. Comparar eras siempre produce injusticias. Los calendarios cambiaron, los recorridos cambiaron, la preparación cambió, el propio sentido de ganar cambió. Valverde corrió en una época distinta a la de Gorospe, Perico o Indurain. Eso obliga a traducir. El riesgo existe y conviene admitirlo. Aun así, incluso aceptando todas las correcciones, el argumento central sobrevive porque no depende solo del volumen bruto, sino del tipo de victorias, de su repetición y de su encaje con la función del puesto.

CRONOLOGÍA DE UNA ELECCIÓN

La secuencia importa porque demuestra que no estamos ante un capricho de memoria reciente. Reynolds salta al profesionalismo en 1980 y empieza a construir una identidad. En 1983 Ángel Arroyo firma un segundo puesto histórico en el Tour. En 1988 Perico da al equipo un Tour que cambia la posición de España en el imaginario ciclista. En 1989 llega Banesto como gran apellido de una nueva edad. Entre 1991 y 1995 Indurain convierte esa estructura en dinastía con cinco Tours consecutivos y dos Giros. Luego viene la vida después del rey, la supervivencia, la reinvención, el paso por Illes Balears y Caisse d’Épargne. En 2005 aterriza Valverde y el equipo adquiere un arma nueva: ya no solo puede dominar o resistir, también puede rematar casi cualquier final. En 2018 el murciano gana el Mundial y pasa a liderar la tabla histórica de victorias de la casa. En 2022 se despide con la sensación de haber unido varias vidas del mismo equipo. Fuentes: https://movistarteam.com/2019-11-02/40-anos-recopilatorio-i ; https://movistarteam.com/2018-11-15/lista-victorias-historicas-final-2018 ; https://movistarteam.com/equipo/integrante/alejandro-valverde

LO QUE DICE ESTO DE MOVISTAR Y DE ABARCA

La conclusión no habla solo de Valverde; habla también del equipo. Que el mejor 9 de una saga tan larga no sea un sprinter puro sino un finalizador anfibio dice muchísimo de Abarca Sports. Dice que su cultura nunca dependió de fabricar un tren perfecto para el último hombre. Dice que la escuadra vivió más cómoda en la inteligencia táctica y la dureza acumulativa que en el caos controlado de los embalajes masivos. Dice también que su gran rematador histórico debía parecerse un poco a la casa: serio en la gestión, flexible en el terreno, incómodo de clasificar y duradero hasta lo insólito.

Incluso en el plano empresarial cuadra la idea. 2Playbook retrataba en 2021 a Abarca Sports como una organización que, con presupuesto de 20 millones en 2019 y cerca de cien personas trabajando de forma directa e indirecta, buscaba diversificarse, producir contenidos y sostener un negocio que ya no era solo correr en bici. Valverde había sido, durante años, el rostro más reconocible y transversal de esa continuidad. No solo ganaba; también conectaba épocas, públicos y relatos. Fuente: https://www.2playbook.com/clubes/movistar-team-se-vuelca-en-digitalizacion-sostener-negocio-20-millones_2448_102.html

CONCLUSIÓN

Si uno se toma en serio el juego de los equipos ficticios, el dorsal 9 de Abarca Sports no debería salir de una nostalgia desordenada ni de un altar automático a su mejor campeón global. Debería salir de cruzar función, datos, estilo y contexto. Y cruzándolo todo, el nombre que mejor aguanta es Alejandro Valverde.

No porque eclipsara a Indurain en grandeza absoluta. No porque fuese un sprinter de libro. No porque ganara más la carrera más grande. Lo es porque fue el máximo artillero interno, porque su gama de remates fue inigualable en la casa, porque convirtió una estructura criada para el control en una estructura capaz de resolver por colmillo y porque duró lo suficiente como para atravesar varias identidades del mismo equipo sin dejar de ser decisivo.

Frente al resto del pelotón, la respuesta exige matiz. Si el 9 es solo el rey de las llegadas llanas, Abarca no tuvo al mejor. Si el 9 es el corredor que más y mejor resolvió, en más escenarios y durante más años, Valverde no solo gana el debate interno: se sienta en la mesa alta de los grandes finalizadores del ciclismo moderno. Y en una saga que se explica mejor por la inteligencia que por el ruido, ese veredicto suena exactamente a lo que fue Abarca durante casi medio siglo: continuidad con filo.